martes, 28 de junio de 2011

Prometo amarte y respetarte durante el resto de mi vida.


Las promesas. ¿Realmente merece la pena hacer promesas?
Hace poco alguien me dijo que nunca hacía promesas.
Evidentemente, las promesas están para cumplirlas. Pero ¿y si no se cumplen?
Yo creo que las promesas están para hacerlas. A lo loco no claro, pero por ejemplo, yo no llegué a conocerlos emparejados (o no lo recuerdo) pero hubo dos personas que lucharon varios años por su relación, aunque nadie estaba de acuerdo con ello. Esas dos personas se querían, y tenían proyectos juntos.
Se casaron, y se entregaron al otro, se prometieron fidelidad en la prosperidad y adversidad, salud y enfermedad, prometiéndose amor y respeto durante todos los días de su vida. Y no funcionó.
Pero ahí estaba la promesa, varios años de noviazgo, dos de matrimonio, y una hija.
¿Realmente hay que aferrarse a las promesas?
¿Realmente hay que dejar de hacerlas?
Porque en realidad, aunque uno esté muy seguro cuando la hace, no puede poner las manos al fuego de que la cumplirá. Pero te arriesgas, das de ti lo mejor para que funcione, pero ¿y si para una de las partes ha dejado de funcionar? o si se ha roto alguna de las partes de aquella promesa, ¿se debe seguir adelante?
¿Aún así?
Las promesas hay que respetarlas, tienen ese matiz sagrado de las personas que entregan su vida y su corazón a otra, su felicidad; ese matiz que debes reservar y no ir regalando hasta que la propia promesa pierda significado, pero ¿no hacerlas? ¿Realmente nunca has querido tanto a alguien a quien le hayas querido prometer algo? Desde un "Siempre estaré ahí", a un "Te haré feliz", hasta regalarte tu felicidad, fidelidad, tu respeto y amor. Las promesas son muchas y de todos los tipos. La cuestión es saber elegir la persona. Pero si resulta no ser esa persona y la promesa no se cumple, tampoco creo que haya problema. Se intentó, y en ese momento no había otra opción mejor ni más real, pero no fue, esa persona, las circunstancias, la propia vida, a veces, no es el mejor momento, o esa era la persona pero solo en ESE momento de tu vida.
A veces los frutos pueden ser un hijo, la experiencia, los recuerdos, y a veces tienes la suerte de encontrar una persona con la que la promesa se cumpla.